Lorenzo de Montemayor
Biografia elaborada por:
Axel Rodolfo Santiago
Lorenzo de Montemayor fue un hombre excepcional, sencillo, humilde y honesto a toda prueba, uniendo a estos atributos un carácter también peculiar que no todos supieron comprender y valorar. Nació en Caracas el 20 de septiembre de 1916, en el seno de una familia honorable y tradicional. Cursó estudios de primaria y secundaria en el Colegio San Ignacio de Caracas, obteniendo el título de bachiller en 1935; luego ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela en 1936, cursando solamente los dos primeros años de estudio. Su vocación por la investigación y la ciencia aplicada lo alejan del campo general de la medicina de la época. Ya desde sus primeros años de estudio, trabaja como instructor y técnico auxiliar del laboratorio de la Cátedra de Dermatología y Sifilografía con los doctores Guerra, Briceño Iragorry y Martín Vegas, en el Hospital Vargas de Caracas, donde estuvo entre los años 1946 y 1952.
 
Contrajo matrimonio con Adela Costa; de esta unión nacieron tres hijas: Adelena, Haydée y Alicia, cada una dedicada a su profesión y trabajo. Sus estudios de especialización en Micología, los realizó en Montevideo, Uruguay, bajo la dirección del Dr. J.E Mackinon, durante los años 1947-1948. En este tiempo publicó una serie de valiosos trabajos científicos donde cabe destacar la descripción de un nuevo agente de micetoma, Madurella grisea. En la década de los 50 regresa a Uruguay, donde continúa sus estudios realizando cursos de Zimología Médica. En este mismo período viaja a California (EEUU) y sigue estudios sobre micosis profundas. Ya de regreso a Venezuela, trabaja como técnico de Micología en el Instituto de Medicina Tropical y a partir de esta época llega a ser jefe de la Cátedra de Técnica Histológica y Micología de la aquella entonces Escuela de Laboratorio de la Facultad de Medicina recientemente fundada. Posteriormente llega a la jefatura de la Cátedra de Microbiología y continúa, hasta su jubilación en 1970, como profesor titular, jefe de la Cátedra de Micología de la actual Escuela de Bioanálisis de la Facultad de Medicina (UCV). Para aquel entonces realiza sus estudios de reválida para optar al título de Bioanalista, fecha en que tuve el honor de conocerlo en las mismas aulas donde comenzaba mis estudios universitarios.
 
Desde la fundación del Instituto Nacional de Higiene, comenzó a trabajar en Micología Médica llegando a la jefatura de la misma hasta su jubilación. Durante su vida profesional dictó innumerables cursos de Micología y lo que es más importante, formó a los estudiantes de Bioanálisis de muchas generaciones en el área de micología en la Escuela de Bioanálisis (UCV). Año tras año transmitió sus enseñanzas, en forma inigualable, aprovechando la facilidad que desde niño tenía por el dibujo y la pintura; muchos recordamos como simples esquemas, dibujados en la pizarra, transmitía los conceptos más difíciles de cualquier tema micológico. Cada corrección de examen tenía una explicación correcta y exacta de los que sus alumnos debíamos haber contestado y otra vez, sus dibujos permitían rectificar muchas veces lo que habíamos olvidado. Desde los pasillos de nuestra escuela fue un compañero más, nos tomaba el pelo, hacía chistes, nos ponía sobrenombres y sobre todo nos aconsejaba y nos daba apoyo de maestro amigo tan necesarios para enrumbar nuestra vida y profesión.
 
Es incontable el número de congresos, jornadas y simposia a los cuales asistió, ya sea como delegado de nuestro país, como conferencista, presentando trabajos científicos, así como también las sociedades científicas nacionales e internacionales a las cuales perteneció. Es pequeño el espacio para enumerar los trabajos científicos que Lorenzo de Montemayor publicó (más de 150), incluyendo el reporte de varias especies nuevas para Venezuela y el mundo. Cabe destacar: en su propio currículum vitae que hasta 1986 contaba con 160 trabajos publicados, el reconocimiento de la Facultad de Medicina (UCV), Escuela de Bioanálisis a los 35 años de su fundación, Mérito al Trabajo en Primer Grado (Congreso de la República), así como muchas otras, distinciones. Su última labor docente la realizó como profesor contratado en la Universidad Simón Bolívar, en la Cátedra de Biología. En ella formó a estudiantes de pregrado y posgrado en las Ciencias Biológicas, siendo tutor de numerosas tesis de grado. En esta universidad logró continuar con una de sus pasiones micológicas, la colección de hongos, iniciada en cada uno de sus sitios de trabajo. Sin duda una de la mayores micotecas de Venezuela.
 
Quien conoció a Lorenzo de Montemayor, "el profe", "el pocholo", sabía que contaba con un amigo sincero, amable y desinteresado. A pesar de estas exquisitas cualidades, también sabía "sacar las garras" como lo recalcaba, cuando era necesario. Cuántos recuerdos tengo de aquellos tirones de orejas que nos propiciaba cuando hacíamos algo que estaba fuera de lugar; siempre tenía la razón durante el trabajo, los errores eran recriminados con un consejo, nunca con la prepotencia de aquéllos que piensan que el ser jefe da derecho a humillar a sus subordinados. Tenía un dicho: "mientras seas yunque aguanta, cuando tengas el martillo no golpees con él". Son igualmente innumerables las pinturas y dibujos de nuestro querido "profe"; los que guardan algunas de ellos deben saber valorarlos, ya que cada uno retrata su personalidad y calidad humana; su amor por la naturaleza, por el mar, por los animales, sobre todo por los perros por los que sentía enorme cariño y predilección, era muy evidente. Uno de sus mayores placeres fue el de la buena mesa y los buenos vinos. Seguramente que provenía de sus costumbres familiares y sus viajes por Suramérica. Durante los almuerzos expresaba sus pensamientos y muchas veces el tiempo pasaba entre comentarios de la vida, hasta verdaderos proyectos de investigación y clases magistrales; tal vez por estos detalles, él mismo calificaba estas reuniones como "Simposium". Mientras realizaba mis estudios de posgrado en el exterior, mantuve correspondencia permanente con mi profesor. De ellas se desprenden sus cualidades de "sabio" en el mejor sentido de la palabra, a lo cual agregaría su calidad de padre y amigo.
 
Sus mensajes y amables consejos todavía forman parte de mi vida profesional y personal. De allí que Lorenzo de Montemayor estará siempre presente en mis actos y estoy seguro que también en los de muchos de sus queridos alumnos. Sea esta recopilación biográfica un pequeño homenaje para quien fue y será uno de los pioneros de la Micología en Venezuela, maestro de maestros, amigo, compañero y persona como hay pocas en nuestro gremio, en la Ciencia Venezolana y en el mundo, merecedor de todas las distinciones que en vida pudimos ofrecerle, desde la más alta hasta la más sencilla. Lamentablemente que muchas de ellas no le fueron otorgadas, porque él siempre era ajeno a estas demostraciones. Afortunadamente él no necesitó de ellas para continuar siendo el mejor de los científicos que tuve el honor de conocer y a quien siempre consideraré como mi segundo padre. Falleció el 5 de noviembre de 1993.