Leopoldo Briceņo Iragorry
Biografia elaborada por:
Alberto Pardi
El 13 de mayo de 1984 falleció en Caracas el Dr. Leopoldo Briceño Iragorry, insigne investigador, microbiólogo, sanitarista y profesor universitario. Había nacido el 4 de mayo de 1908 en la ciudad de Trujillo, estado Trujillo.
 
Realizó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y en 1925 ingresó a la Facultad de Medicina en la Universidad Central de Venezuela, en la cual cursó los primeros años. Debido a los sucesos políticos de 1928, viajó a Francia y se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de París, en la cual, en 1931, obtuvo el título de Médico Colonial y, en 1932, el Doctorado en Medicina. Durante su permanencia en París realizó estudios de posgrado de Bacteriología en el Instituto Pasteur, de Parasitología y Malariología en el laboratorio del Dr. Brumpt y en Dermatología en el servicio del Dr. Ravaut del Hospital Saint Louis.
 
A su regreso a Venezuela, revalida su título de Doctor en Ciencias Médicas e inicia su carrera de docente como jefe de trabajos prácticos de la Cátedra de Bacteriología y Parasitología, de la cual en 1953 llega a ser profesor titular, jefe de cátedra, sucediendo a su ilustre maestro, el Dr. Jesús Rafael Rísquez. Al mismo tiempo presta sus valiosos servicios en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, llegando en 1946 a la jefatura de la División de Laboratorios, cargo que desempeña con eficiencia hasta el día de su jubilación en 1972.
 
Es imposible exponer en estas breves notas los logros alcanzados por el Dr. Briceño Iragorry en el campo de la investigación, de la Salud Pública y de la docencia universitaria. En 1948, a la edad de sólo 48 años, se incorpora a la Academia Nacional de Medicina, presentando el trabajo"Contribución al estudio de la salmonelosis en Venezuela". Cuatro años más tarde es nombrado secretario de dicha institución académica y ocupa ese delicado cargo durante treinta y dos años, hasta el momento de su desaparición.
 
El Dr. Briceño Iragorry fue también Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y perteneció a numerosas sociedades científicas nacionales e internacionales. Fue miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Microbiología, de la cual fue presidente en 1957. Entre los cargos sanitarios internacionales resalta el de asesor de la Oficina Mundial de la Salud en laboratorios de Salud Pública.
 
Dejó el Dr. Briceño Iragorry una producción científica verdaderamente importante, siendo pocos los campos de la Microbiología que no haya explorado en sus investigaciones. Publicó treinta y seis trabajos de Bacteriología y Salud Pública, doce de Micología y Dermatología, treinta y cinco de Parasitología y Entomología Médica y quince de Medicina General y procedimientos diagnósticos, además de muchos estudios biográficos de miembros de la Academia Nacional de Medicina o de científicos venezolanos y extranjeros. Sus aportes a la Microbiología en general son conocidos y apreciados internacionalmente. Son importantes sus numerosos trabajos sobre salmonelas, shigelas y otros agentes de gastroenteritis, sobre brucelosis y tifus exantemático murino, sus estudios sobre esporotricosis y blastomicosis y, en el campo de la Parasitología, sus publicaciones sobre flebótomos, simúlidos y culicoides, con descripción de nuevas especies.
 
El Dr. Briceño tuvo también el mérito de mantenerse en contacto con el Instituto Pasteur, el CDC de Atlanta y otras instituciones extranjeras y creó en la División de Laboratorios del Ministerio de Sanidad el "Centro Nacional de salmonelas, shigelas y Escherichia coli enteropatógenas", uno de los primeros en Latinoamérica.
 
Quien escribe estas breves notas tuvo el privilegio de colaborar estrechamente con el Dr. Briceño. Era un hombre culto, de amena conversación, franco, bondadoso, de una gran modestia y exquisita gentileza y todas estas cualidades le generaron el aprecio y el cariño de todos los que lo trataron o tuvieron el honor de colaborar con él. En la docencia siempre fue admirado por el profundo conocimiento de la materia, por el constante anhelo de mantenerse actualizado, por su facilidad de exposición de una manera clara y al mismo tiempo ameno y fascinante, de una materia por muchos considerada como árida, y finalmente por su estricto cumplimiento de sus deberes de docente y de jefe de cátedra. Todo esto hizo que las numerosas promociones médicas que disfrutaron de su enseñanza lo recuerden siempre con cariño, admiración y respeto, y que una de ellas, la de 1958, llevara su ilustre nombre.